28 de abril de 2008
Muchas de las pequeñas manías y hábitos desagradables que muestran los niños de corta edad, se desarrollan a partir de los 4 ó 5 años. Por extraño que nos pueda parecer, los niños también padecen estrés y ansiedad.
Su origen puede estar en diferentes causas: el comienzo del curso, un cambio de domicilio, los deberes del cole, hacer nuevos amigos, entre otras.
Toda esta presión puede manifestarse en malos hábitos como quitarse costras, urgarse la nariz, chupar los puños del jersey, morderse mechones de pelo, chuparse el pulgar u otros comportamientos similares. La repetición de estas acciones le ayudan a mitigar su ansiedad y a tranquilizarse.
No obstante, aunque consideremos que estas conductas no son graves, la mayoría de ellas son socialmente inaceptables.
Los niños pequeños no lo perciben, sin embargo, a la edad de 6 ó 7 años comienzan a ser conscientes de su apariencia personal y el hecho de morderse las uñas o arrancarse el pelo puede debilitar la seguridad en sí mismos.
Es necesario detectar estos casos y actuar con rapidez pues a medida que pasa el tiempo, será mucho más difícil abandonar el hábito. Si estas dispuesto a ayudar a tu hijo para poner fin a esos tics, comienza cuanto antes.
Dale un toque de atención pero sin reñirle
Tu hijo actúa inconscientemente por eso no es conveniente regañarle ni castigarle por estos hábitos, especialmente en público y mucho menos, delante de sus amigos ya que podría avergonzarse por algo que no es capaz de controlar, creándole mayor ansiedad.
Puedes llamar su atención calmadamente, explicándole lo que te preocupa: “Me he dado cuenta de que te muerdes las uñas. La piel está roja e irritada. ¿No te duele? Si sigues haciéndolo tus dedos lo notarán”.
Acuerda una señal secreta con él, de modo que cuando esté haciéndolo en público sólo vosotros dos sepáis a qué te refieres y deje de hacerlo (un guiño, rascarte la nariz, sacarle la lengua, etc.)
Establece rutinas
Trata de hacer los momentos de transición (por ejemplo: cambiar de curso, cambiar de ciudad, visitar a unos amigos tuyos,…) lo más divertidos y tranquilos posibles. Saber qué va a ocurrir y evitar la incertidumbre le ayudará a sentirse menos inquieto y, por tanto, podrá controlar adecuadamente la ansiedad.
Averigua dónde está el problema y trata de prevenirlo
Los malos hábitos tienden a intensificarse cuando el niño está nervioso o incómodo. Si tu hijo comienza a morderse las los labios cuando va a desarrollar una actividad determinada, piensa en alguna alternativa para aliviar su estrés (por ejemplo: cerrando los ojos y respirando profundamente varias veces, abrazando fuertemente a su muñeco preferido, haciendo una pelea de almohadas,…).
Las pelotas antiestrés o la plastilina son una excelente herramienta para liberar tensiones.
También puedes hablar con el niño para saber qué es lo que le preocupa o le pone nervioso. Si no te quiere contar cuál es el problema, inténtalo unos días más tarde o pregunta a sus profesores. No recurras a la evasión, seguramente algo le está pasando.
Alaba sus progresos
Cuando notes que está leyendo o haciendo un dibujo para el cole sin recurrir a su manía, dale un abrazo y déjale ver que te has dado cuenta. Pero no olvides que es un proceso que requiere paciencia, tiempo y esfuerzo continuo. Mantén la calma, será mucho más sencillo.
Cabe destacar que en ocasiones resulta frustante tratar que un niño abandone ciertas manías o malo hábitos. Pero, hagas lo que hagas, no intentes cambiar todas las conductas de tu hijo al mismo tiempo. Hazlo una a una. A él le resultará menos costoso y sin duda alguna, será más eficaz.
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