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Alimentación sana y equilibrada en el embarazo

2 de enero de 2008

EmbarazoEs un error pensar que la mujer gestante tiene que comer por dos, como antiguamente se pensaba. No obstante, es muy importante cuidar mucho la alimentación. La mujer tiene que ganar peso para poder alimentar a su bebé, aunque no demasiado. Lo habitual es que el peso de la futura mamá se vea incrementado en 9 ó 12 kilos, no más. Aunque la flexibilidad de este intervalo dependerá de la constitución de cada mujer.

Lo primordial es que la dieta de la mujer embarazada sea equilibrada y sana, rica en frutas, verduras, pescado, hidratos de carbono y, pobre en dulces, grasas animales y fritos.

Las proteínas ayudan a generar tejidos y el calcio es fundamental para la formación de los huesos y los dientes. Por ello, no hay que dudar a la hora de ingerir una buena cantidad de productos lácteos, en la medida de lo posible, desnatados; verduras de hoja verde y legumbres.

Además, el bebé necesita una contínua corriente sanguínea renovada, por esto, el hierro que pueden aportar la carne y los huevos será muy beneficioso. Pero, en este estado es tal la importancia de cubrir todas las necesidades nutricionales, mediante las vitaminas y minerales de los alimentos que, su ginecólogo puede recomendarle la ingestión de algún complejo vitamínico completo (hierro y calcio y/o ácido fólico y hierro).

Lo ideal es comer varias veces al día, cinco o seis está bien. Puede ser en pocas cantidades, eludiendo las comidas pesadas. De esta manera, el estómago siempre estará lleno, manteniendo en orden los vómitos y las naúseas de los primeros meses; y las digestiones lentas y la acidez del segundo y tercer trimestre de gestación.

Después de lo comentado anteriormente, no podemos olvidar que hay alimentos que pueden provocar enfermedades, poniendo en serio peligro la salud del bebé al conllevar desde defectos de nacimiento hasta un aborto espontáneo. Para evitar complicaciones, lo mejor es no ingerir queso blando (como el camembert o el roquefort), el paté, la leche y los zumos sin pasteurizar; los huevos crudos o las comidas que los contengan; al igual, se tienen que evitar los mariscos crudos y carnes crudas o poco cocinadas.

Además, si el ginecólogo le recomienda a la premamá de un posible riesgo de contraer toxoplasmosis, también deberá evitar los embutidos, especialmente el jamón serrano.



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